Comunicado de MHUEL

Ante las declaraciones del señor Joseph Ratzinger en calidad de jerarca supremo de la iglesia católica, ante 150 cardenales reunidos en el tercer consistorio celebrado estos días, la asociación MHUEL Movimiento hacia un Estado Laico, hace las siguientes consideraciones:
1. El señor Ratzinger confunde el laicismo con una presunta “dictadura laicista”. El laicismo reivindica que el Estado y sus instituciones sean autónomos e independientes de cualquier instancia ideológica y confesional, que pertenece al ámbito privado. El laicismo reivindica que toda la ciudadanía ejerza su derecho a la libertad de conciencia en plena igualdad de condiciones, sin discriminación y sin privilegios para nadie. Los tres pilares del laicismo son la razón, la libertad y la igualdad frente al dogmatismo, la intransigencia y la superstición. El laicismo, lejos de amparar alguna suerte de dictadura, es una garantía contra la dictadura.
2. El señor Ratzinger interpreta como dictadura lo que en realidad no es sino pérdida de poder y de influencia por parte de la iglesia católica. Las declaraciones del señor Ratzinger están movidas por la añoranza de otros tiempos en que la iglesia católica tenía patente de corso en materia de ideas y de costumbres. La iglesia católica no acaba de digerir la crítica de las ideas, la autonomía de las sociedades y el derecho de las personas a la libre opinión y expresión.
3. La iglesia católica disfruta en España del libre ejercicio del derecho a la libertad religiosa y de culto. El señor Ratzinger carece de razones objetivas para hablar de dictadura alguna, al menos en nuestro país.
4. Resulta paradójico que la iglesia católica haga referencia a la dictadura, cuando no ha criticado ni se ha opuesto a las dictaduras habidas en el mundo a lo largo de la historia, sino que a menudo ha estado en abierta connivencia con ellas. Por citar solo algunos ejemplos, además de la dictadura de Franco, bata mencionar las dictaduras de Portugal, Argentina, Chile o Paraguay.
5. El señor Ratzinger habla también de la “dictadura del relativismo”, obviando así que Europa y buena parte del mundo han estado sometidos a la dictadura de su absolutismo dogmático y moral, persiguiendo y prohibiendo las ideas, reprimiendo la libre autonomía ética del ser humano.

Zaragoza, 20 de noviembre de 2010

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